Izia, un perfume femenino en plural

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Izia, un perfume femenino en plural
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Izia, un perfume femenino en plural
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Diminutivo de Isabelle en polaco, Izia se pronuncia “Ishia”. Estas dos sílabas melodiosas procedentes de la infancia señalan la herencia familiar de Isabelle d’Ornano en una caligrafía personal.

Izia nació de un paseo por el jardín de una casa de la región francesa de la Loire, no muy lejos donde vivía George Sand: un oasis de bienestar que Isabelle d’Ornano cubrió con arbustos, cedros, hortensias arborescentes, madreselvas, glicinias y esculturas. También plantó rosales cuando creó este jardín, sin saber que un día uno de ellos daría lugar a las notas tan distintivas de Izia. Estas rosas, protegidas del viento por los árboles, conservan su aroma en el momento en el que se las corta. El misterio de no tener nombre, puesto que el tiempo borró su etiqueta, la hace aún más hermosa y entrañable.

Tan singular como las rosas que lo componen, tan íntimo como un jardín, tan cautivante como una obra de arte. Como un drapeado envolvente, Izia es un perfume para uno mismo, sólo para uno mismo. Carnal, vivo, expresivo, persistente… reúne varias generaciones de mujeres.

Izia, escultura de la naturaleza, es una caricia  delicada como el rocío de la mañana. Izia es una fragancia moderna y sorprendente.

La singularidad de las rosas de Izia

Frescas, indomables y únicas como la rosa del Principito, impregnan los anocheceres del día propagando largamente su frescor hespéride.

A Isabelle d’Ornano siempre le ha gustado observar cómo se reclinan en un jarrón, un tarro de té o una jarra antigua para que marquen con su encanto cada rincón de la casa. Envolverlas en papel de periódico húmedo para que se mantengan frescas durante el trayecto y luego dejar que se abran en el apartamento parisino, o regalarlas para que fascinen.

Los pétalos densos y voluptuosos se abren uno a uno para desvelar un corazón de color dorado y emanar así su alma olfativa plenamente distintiva.

De estas rosas que tan sólo florecen a principios de mayo, Izia se queda con lo esencial: su  perfume, el perfume de un ramo. Izia constituye una lluvia de rosas libres y atrevidas.

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