Conociendo Copenague con fotos de Katerina Morgan

Poder visitar la capital de Dinamarca es entrar en un nuevo mundo, donde la efervescencia es la juventud. Allí se contagia hasta al más incrédulo, para demostrar que los escandinavos si saben pasarla bien.

Al bajar de los botes, las bicis son la mejor manera de seguir los paseos. De hecho son una de las características del lugar, convirtiendo al tráfico ciclista, casi parecido al de Ámsterdam.

Con ellas llegar al antiguo Puerto Nyhavn es posible. Los mejores bares y cafés los esperan, para saborear su destino. Tomarse una Carlsberg, cerveza típica danesa, a orillas del canal es casi una obligación. Ah, por las bicicletas no hay que hacerse drama: no hace falta atarlas a ningún poste y estarán cuando vuelvan a buscarlas.

Otra combinanción de historia y presente es el céntrico Kongens Have, un parque aledaño al Castillo Rosenborg, donde la construcción renacentista contrasta con los picnics, deportes y bailes que llevan a cabo los jóvenes daneses en el césped.

Desde el 2015 una política oficial establece que haya un parque o playa a o más de 15 minutos a pie. Allí, se puede conocer más de esta capital europea y dejarse llevar por las nuevas tendencias. A la noche, todo el mundo sale para poder disfrutar en bares, shows, pubs, que regalan las mejores vivencias tanto dentro, como afuera en sus calles tan pinntorescas.

Fuente: InfoTur

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